Enfrentan
al silencio sin mas armas
que la necesidad de contar su verdad,
tolerando un ejército de sutiles
pero rudos comentarios.
Tienen la dicha de hacer y compartir
lo que desde el placer realizan,
sin esperar ni imperiales ni modestas recompensas.
No transitan por atajos,
prefieren recorrer los laberintos
y trincheras de su pasión,
por la simple sentencia de su voluntad.
Construyen con razón y con nostalgia,
peldaño a peldaño canciones, que por herencia
pertenecen a su alma.
Cuando la noche acapara los silencios,
una guitarra agita los cielos.
Mientras la oscuridad adquiere
su verdadera dimensión,
lentamente es cubierta por la suave túnica de su música.
Nestor
Canel